¿Sabemos estudiar? ¿Utilizamos métodos de estudio correctos que nos ayuden a aprovechar mejor nuestras capacidades?

Vamos a dedicarle un poco de tiempo a esto de las técnicas de estudio. Creemos saber qué son y en qué consisten, pero la mayoría de nosotros no solemos ponerlas en práctica, y no solo para estudiar; tampoco lo hacemos para trabajar o para obtener un mayor rendimiento en las aficiones que practicamos habitualmente, como el deporte, por ejemplo.

Quiero con esto decir que los españoles, en general y aunque esto puede estar cambiando a gran velocidad en los últimos tiempos, no hemos sido nunca muy dados a planificar ni utilizar métodos de estudio o técnicas de trabajo que nos ayudaran a ser más eficientes. Quién de nosotros no ha oído alguna vez, o pronunciado, que los españoles somo los reyes de la improvisación. Esa ha sido una de nuestras características a la hora de trabajar y estudiar, pero también es cierto que estamos aprendiendo y cambiando muy rápido.

La improvisación puede ser válida en ciertos momentos, para resolver una circunstancia inesperada o salir de una situación de riesgo, por ejemplo. Pero en casos como el estudio, el trabajo o el deporte, lo único que, a la larga, termina garantizando resultados, es la implementación de metodologías contrastadas, aplicadas con rigor en un entorno convenientemente organizado. Y esto puede valer tanto para un trabajo individual como colectivo.

Sin embargo, antes de entrar a fondo en saber qué son y en qué consisten las técnicas de estudio, hagamos antes un breve repaso de la situación en la que se encuentra nuestro educativo en lo que se refiere, precisamente, a un problema que está muy relacionado con estas carencias de organización a las que nos hemos referido en párrafos anteriores.

En España vivimos en los últimos tiempos un fenómeno de fracaso escolar que tiene a la comunidad escolar muy preocupada. Un treinta por ciento de nuestros estudiantes abandonan sus estudios al acabar la enseñanza secundaria obligatoria al haber fracasado curso tras curso en el empeño de sacar adelante un currículo educativo relativamente sencillo. ¿Hemos sabido ayudarles a aprender a estudiar? ¿Hemos sabido inculcarles la idea de que el estudio, además de constancia en el trabajo diario y el esfuerzo, requiere la aplicación de una serie de técnicas de aprendizaje capaces de elevar el rendimiento del alumno ayudándole a sacar más partido de su tiempo?

Seguramente, no hemos sabido motivar lo suficiente a nuestros estudiantes como para hacerles conscientes de lo necesario que es para ellos, y para la sociedad entera, que estudien con aprovechamiento y que, a ser posible, continúen hasta completar, al menos, sus estudios de enseñanza secundaria, para que tengan la posibilidad de acceder después de acceder a la universidad u orientarse hacia la Formación Profesional de calidad.

Es responsabilidad de todos nosotros, padres, profesores y alumnos, estos últimos como máximos interesados, llegar a concienciarnos de que, además de contar con un sistema educativo eficiente y capaz de poner los medios adecuados para los fines que se supone debe conseguir, sea capaz, asimismo, de motivar a nuestros estudiantes enseñándoles a estudiar mejor, aprendiendo a conocerse mejor y a sacar el mejor partido posible a sus cualidades, planificando su tiempo, aprendiendo a valorar el esfuerzo y utilizando métodos de aprendizaje que les permitan maximizar los resultados obtenidos.

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